La Intervención Militar, 1978-1986

La Intervención Militar, 1978-1986

A partir de 1978 el Club Deportivo de la Universidad de Chile sufrió su peor crisis hasta ese momento, que sólo fue superada por lo que ocurrió con el proceso de quiebra y robo del que fue víctima la institución por parte de los privados que llegaron con la concesionaria Azul-Azul S.A. A partir del 78’ es imposible separar la historia del club de los procesos políticos, económicos y sociales que sufrió nuestro país debido a la dictadura cívico-militar: la intervención de las Fuerzas Armadas llegó a tal grado que la “U” fue una víctima silenciosa de los planes llevados a cabo por los militares, ya que éstos, a través de la corrupción y las “donaciones” hechas por las dirigencias de la Corporación de Fútbol de la Universidad de Chile (Corfuch), llevaron a la institución a su peor fracaso deportivo, el descenso a Segunda División, y casi a desaparecer como club a finales de la década de los años 80’. En base a lo anterior, en este período nos centraremos en reconstruir y explicar la formación de la Corfuch, su separación de la casa de estudios y las repercusiones institucionales, económicas y deportivas que provocó.

Los años que van desde 1978 hasta 1986 son significativos, por distintos motivos. A nivel internacional, casi se llegó a una guerra contra la República Argentina, que no se concretó por unas cuantas horas y la intervención del papa Juan Pablo II. Más allá de eso, lo verdaderamente problemático para la dictadura cívico-militar, que ya llevaba cinco años en el gobierno, fueron los conflictos internos: lo político, lo económico y lo social fueron tres palabras claves durante estos años. En primer lugar, en el año 1980 se aprobó en un cuestionadísimo, e ilegítimo, plebiscito la Constitución Política que nos rige hasta el día de hoy. Esto es importante tenerlo en cuenta, porque la dictadura adquirió otra cara: ya no era una Junta Militar “provisoria” para “restablecer el Orden”, como se justificaron los militares en 1973, sino que eran un gobierno regido por una nueva institucionalidad legalmente aceptada. En segundo lugar, lo que comenzó siendo el “milagro chileno” terminó por convertirse en el “pecado neoliberal”: en 1982 estalló una crisis económica de proporciones. La ortodoxia del modelo librecambista impuesto por los Chicago Boys, la nula inversión de los excedentes comerciales y un sinfín de causas provocaron la crisis que fue fundamental para la dictadura cívico-militar, ya que repercutió de manera concreta en lo social.

Los dos procesos descritos, explotaron socialmente en las denominadas Jornadas de Protesta Nacional, que fueron una reacción espontánea y violenta en contra de la dictadura. Durante este período, a inicios de los 80’, se comenzó a perder gradualmente el “miedo” a los militares, que había sido la principal característica de los años 70’: ante esto, las Fuerzas Armadas tuvieron una respuesta lógica, que fue una constante represión y persecución que dio por resultado decenas y decenas de muertos. Ahora bien, ¿por qué hacemos hincapié en estos tres ejes del contexto chileno durante estos años? Básicamente, porque son un fiel reflejo de lo que vivió la Corfuch entre los años 1978 y 1986. A pesar de que la intervención de los militares en el Club Deportivo de la Universidad de Chile podemos rastrearla a partir de la elección de Rectores-delegados en la casa de estudios, como explicamos en el período anterior, fue a partir de la separación de la rama de fútbol y la fundación de la Corfuch que el panorama se volvió altamente complejo para el club en lo institucional, lo económico y lo social.

Para comenzar, retomemos la separación de la rama de fútbol del Club Deportivo que explicamos en el período anterior. Todo partió por las crisis económica que sufría el club desde mediados de la década de los 70’: el Decreto Ley N° 431 impuesto por la dictadura cívico-militar, impedía que el funcionario de una universidad estatal tuviera un sueldo más alto que un decano de la misma institución educativa. Por este motivo, los jugadores de ese entonces tuvieron que ver reducidos sus ingresos, lo que provocó que éstos comenzaran a emigrar del equipo. Esto dio por resultado que, al tener jugadores de menor jerarquía y con menos financiamiento, la “U” no pudiera conformar planteles competitivos que enfrentaran el Campeonato Nacional. De esta forma, se barajó una alternativa a las limitaciones impuestas por el Decreto Ley que mencionamos: Rolando Molina, presidente de la rama de fútbol del Club Deportivo, pidió ayuda económica a la Junta Militar que le fue denegada, ya que la FIFA desafiliaba a las federaciones que fueran intervenidas por  sus respetivos gobiernos.

Ante esto, la única alternativa que quedó fue separar a la rama de fútbol del Club Deportivo de la universidad. De esta forma, en el año 1978 nació la Corfuch, entidad de derecho privado que fue presidida por el mismo Molina. Ahora bien, a pesar de esto, los problemas estuvieron lejos de desaparecer: la rama de fútbol del Club Deportivo tenía una deuda de $1.700.000 dólares, dinero que tendría que haber sido pagado por la misma universidad al ser un “apoyo” de la corporación de derecho privado que se había formado en 1978. La solución fue simple, ya que, en el año 1980, la Corfuch finalmente se desligó por completo de la casa de estudios, convirtiéndose en una institución privada que mantuvo los símbolos y el nombre “Universidad de Chile” del Club Deportivo: esto es familiar para nosotros, ya que fue algo parecido a lo que hizo Azul-Azul S.A. décadas después con la misma Corfuch. Esta maniobra fue realizada de forma completamente autoritaria, ya que Rolando Molina y su escolta Ambrosio Rodríguez no consultaron nada de esto a los socios de la institución, por lo que se dieron a ellos mismos amplias facultades y atribuciones para hacer-y-deshacer dentro de la corporación.

La nueva organización interna, sobre todo durante la dictadura cívico-militar, fue bastante irregular. La Corfuch se regía por una jerarquía piramidal: por un lado, en la cima se encontraba el Presidente que era el representante legal; por otro, por debajo de éste último, estaba el Consejo de Directivos compuesto por 31 personas y que era el encargado de “regular” las acciones del presidente. Todos estos elementos estaban estipulados en los 15 estatutos de la corporación que, en general, entregó cierta claridad, o por lo menos un ordenamiento, dentro de la institución. En contraste, en el plano económico existió un verdadero caos: había un Tesorero que, curiosamente, no tenía que rendir cuentas públicas debido a que la Corfuch no tenía fines de lucro. De esta forma, muchos dineros o terrenos del club desaparecieron sin saber cómo o por qué motivos. Todos estos elementos los podemos ver de forma clara entre los años 1978 y 1986, años en que se desarrollaron de forma más nítida los desordenes en la estructura económica de la Corfuch.

Las administraciones de Rolando Molina (1972-1982) y su sucesor Ambrosio Rodríguez (1982-1985) se caracterizaron por la desaparición de dinero por venta de jugadores, extrañas “donaciones” de terrenos pertenecientes al club y su postura militante con la dictadura: esto no es de extrañar, ya que ambos fueron justificados en sus cargos por los militares al intervenir el club. En relación a Molina, sin lugar a dudas será recordado por su infructuoso intento de construir un estadio para la Universidad de Chile. Históricamente, la “casa” para el club ha sido la promesa más antigua hacia los hinchas, siempre con la finalidad de lograr un apoyo rápido por parte de la parcialidad azul: no es necesario volver tanto tiempo atrás, ya que sólo hay que revisar las declaraciones de Azul-Azul S.A. Volviendo a Molina, trajo un estadio mecano desde Brasil para armarlo acá, sin tomar en cuenta que no contaba con el dinero necesario para pagar el impuesto de internación. Ingenuamente, Molina pensó que sus amigos militares lo ayudarían con esto, pero no fue así: el bolsillo de la dictadura y los Chicago Boys sólo desembolsaba dinero para beneficiar a Colo-Colo y no lo harían para ayudar al archirrival. Pero eso no fue todo, ya que la inversión era demasiado alta como para bajar los brazos tan pronto: así, Molina buscó otros medios para concretar su proyecto.

El presidente de la Corfuch creó la Inmobiliaria Deportiva Andrés Bello S.A. para recaudar fondos, vender asientos y, sobre todo, definir una ubicación para el hipotético estadio. Aquí es donde comenzaron a darse irregularidades: recién ocho meses después de ser creada la Corfuch, ésta entregó dos terrenos del club, el Sauzal y la Casa de Campos de Deportes, a la Inmobiliaria Andrés Bello como forma de obtener recursos. Sumado a esto, se crearon miles de formas para conseguir el dinero: socios vitalicios con distintos tipos de beneficios dentro del recinto, integración a la Casa de Campo “El Almendral”, la campaña “La Gangana” que incluía rifas donde se ofrecían premios como televisores, furgones, etc., que muchas veces nunca fueron entregados. De esta forma, con la llegada del año 82’ y la crisis económica, todo se derrumbó: el dólar se disparó, Chile quebró y el proyecto de estadio también. Finalmente, el acero del estadio mecano se oxidó poco a poco por la brisa marina de Iquique y terminó siendo vendido como chatarra para pagar deudas de la Corfuch.

Producto de esto, al fracasar la Inmobiliaria Deportiva Andrés Bello S.A., los terrenos que entregó la Corfuch pasaron a empresas privadas, como el Banco Concepción y Metalpar. Finalmente, ese mismo año Molina asumió la presidencia de la ACF, no sin antes “donar” a la Municipalidad de Las Condes terrenos del club, en los que hoy se encuentra el Parque Arauco. A esto debemos sumar la pérdida de los sitios donde funcionaban los centros formativos del club en Recoleta, que llevaron a agudizar la crisis deportiva, ya que se continuó con la lógica que se había impuesto desde finales de la década de los años 60’ cuando se empezaron a dejar abandonadas las inferiores del club, en contraste con el proyecto impulsado en 1953 cuando las canteras de jóvenes identificados con la institución provocaron nuestro mayor éxito deportivo. De esta forma, a esas alturas la Universidad de Chile no tenía terrenos ni recursos para producir jugadores propios, ni tampoco tenía dinero para comprar jugadores de nivel a equipos nacionales, mucho menos en el extranjero. Tomando en cuenta estos elementos, podemos ver que la entrega paulatina de terrenos del club fue una constante durante los años en que la dictadura se desenvolvió sin frenos en la “U”.

Los malos manejos realizados durante el período de intervención militar no quedaron ahí, ya que fueron continuados por la mano derecha de Molina: Ambrosio Rodríguez, que asumió el mando de la Corfuch en 1982. Este hombre no sólo fue dirigente del club, también se desenvolvió en el cargo de Procurador General de la República. Como podemos intuir, su relación con los militares fue mucho más evidente al compararlo con el caso de Molina, ya que Rodríguez utilizó su oficina en La Moneda para atender sus asuntos relacionados con el club: todo esto terminó cuando el mismísimo Augusto Pinochet le pidió que dejara de hacer sus cosas ahí debido a la identificación del dictador con Santiago Wanderers. Más allá de su notoria vinculación con el régimen cívico-militar, el segundo presidente de la Corfuch dejó un pomposo legado de corrupción. Fueron reiteradas las “extrañas” justificaciones de los dineros, si es que se hacían, que tenía el club durante la época: por ejemplo, durante esos años se vendieron una gran cantidad de jugadores al extranjero, como Alberto Quintano, Juan Rodríguez, Roberto Hodge, Eduardo Peralta, Pedro Araya, Carlos Poblete, Martín Gálvez, Luis Rodríguez, Mariano Puyol y Héctor Pinto. A pesar del dinero ingresado por estas ventas, el destino de éste nunca quedó claro.

El manejo económico de Rodríguez terminó por colapsar en el año 1985, cuando la Corfuch representó el 43% de la deuda total del fútbol chileno, con $1.112.759 de dólares. A raíz de esto, los bancos acreedores formaron un directorio nuevo e intervinieron al club, al mismo tiempo que Rodríguez renunció a la presidencia de la institución. Años después de su retirada, este personaje terminó siendo procesado junto a toda la familia Pinochet por malversación de caudales públicos, cargo por el cual fue considerado inocente y puesto en libertad. De esta forma, el caos económico, y a esas alturas también deportivo, que vivía el club, fue continuado por el doctor Julio Montt, que tomó las riendas de la Corfuch hasta el año 1986, siendo después seguido por Waldo Greene: éste último fue puesto en la presidencia de la institución por Miguel Nasur, hombre reconocido por sus condenas por corrupción que lo llevaron a la cárcel de Capuchinos años más tarde. Independiente de esto, es en este momento, durante la presidencia de Greene, que los malos manejos institucionales llevaron al club a su peor fracaso deportivo: el descenso a Segunda División.

Esto no es de extrañar tomando en cuenta las temporadas realizadas por la “U” desde la intervención de la dictadura cívico-militar. En base a los distintos mandatos que desarrollamos más arriba, podemos ver que las malas campañas se hicieron constantes a partir del año 1984, mientras la presidencia de la Corfuch era ejercida por Ambrosio Rodríguez. Ahora bien, para hacernos una idea más clara de la baja del rendimiento del equipo y las repercusiones deportivas que provocaron estas dirigencias, agregamos aquí las campañas de 1987 y 88’:

Tabla. Campañas de la Universidad de Chile desde 1978 hasta 1988

 

Año PJ PG PE PP GF GC Dif. Pts. Pos.
1978 34 11 14 09 41 33 + 08 36
1979 34 17 08 09 37 25 + 12 44
1980 34 16 12 06 38 21 + 17 45
1981 30 16 08 06 50 34 + 16 40
1982 30 14 10 06 58 38 + 20 39
1983 42 21 11 10 58 41 + 17 53
1984 26 10 08 08 29 23 + 06 28
1985 38 15 09 09 55 55 0 39
1986 34 14 07 07 41 40 + 01 35
1987 30 10 11 09 49 33 + 16 31
1988 30 07 12 11 26 34 – 08 24 15

 

A pesar de las irregularidades internas, durante el mandato de Rolando Molina (1972-1982), después de la creación de la Corfuch, la peor campaña fue un 7° puesto en 1978, una excepción tomando en cuenta el 4° lugar del año siguiente y dos terceros lugares, en 1981 y 82’, llegando a ser sub-campeones en el 80’; las buenas campañas se mantuvieron hasta 1983, pero de ahí en adelante comenzó una baja drástica en el desempeño del equipo. En el año 84’ el club no pasó la Primera Fase del Campeonato Nacional, quedando en el 5° lugar de la Zona Sur sin poder acceder a la segunda ronda. En el año 85’ se ocupó el 9° puesto, lo que no es de extrañar tomando en cuenta que en ese campeonato la “U” fue intervenida por los acreedores debido al descalabro económico de Rodríguez. El déficit deportivo que continuó en el año 86’ vio una pequeña luz de esperanza en el año 87’, cuando Waldo Greene (1986-1988) se hizo cargo de la institución, pero que no impidió la peor campaña del club en su historia: en el año 88’, la “U” quedó en el puesto 15° de 16 equipos participantes, por lo que descendió a Segunda División dirigida por Manuel Pellegrini.

De la mano con esto, las cosas no fueron mejores a nivel internacional: en los ocho años que abarcan este período, el único registro de una participación relevante de la Universidad de Chile fuera de nuestras fronteras la encontramos en la Copa Libertadores de 1981. Ahí el club fue parte del Grupo 5 del torneo continental, junto a Cobreloa, Sporting Cristal y Atlético Torino. En su debut, la “U” empató como local ante el equipo loíno 0-0; después, en la segunda fecha, viajó a Perú para enfrentarse a Sporting Cristal y caer 3-2; para, finalmente, derrotar como visitante a Atlético Torino por 1-2. En la segunda rueda, la Universidad de Chile tuvo un desempeño similar: perdió con Cobreloa como visitante por 1-0; mientras que empató como local frente a Sporting Cristal 0-0 y derrotó, en la misma condición, a Atlético Torino 3-0. De esta forma, el club logró 2 triunfos, 2 empates y 2 derrotas, que se expresan en los 6 puntos que lo ubicaron en la 3ª posición del Grupo, quedando eliminados en primera ronda.

Estos bajos rendimientos en el Campeonato Nacional durante la época de intervención militar tuvieron un respiro con la Copa Polla Gol de 1979, actual Copa Chile, cuando el club logró ganar el título. La relevancia de esta estrella va más allá de haber logrado el campeonato, ya que el rival en la final fue Colo-Colo: la “U” partió su participación en el Grupo 4, junto a los albos, Deportes Aviación, Audax Italiano, Santiago Morning y Ñublense. Al final de esta primera fase, el club terminó 2°, después de Colo-Colo, por lo que en los cuartos de final se enfrentó a Naval de Talcahuano, combinado que la “U” logró superar sin grandes problemas después de empatar 0-0 en Collao y ganar 4-1 en el Estadio Nacional. En semi-finales el rival fue la Unión Española, en partido único, que fue mucho más complicado que la llave anterior: los azules ganaron de forma agónica por 2-1, pasando a la final contra Colo-Colo. Este partido, que se jugó el 14 de abril de 1979 frente a 74.000 espectadores en el coliseo ñuñoino, fue ganado por la Universidad de Chile por 2-1, con anotaciones de Luis “La Fiera” Ramos y Héctor Hoffens, con la dirección técnica de Fernando Riera.

Ahora bien, ¿de qué forma reaccionaron los hinchas azules frente a la separación del club de la casa de estudios, el caos económico y las malas campañas deportivas? La respuesta de la parcialidad de la Universidad de Chile fue directa: es aquí donde dos críticas separadas, la política y la deportiva, fueron fusionándose de manera progresiva hasta mimetizarse durante el transcurso de la década de los 80’. La explícita identificación de las directivas de Molina y Rodríguez con la dictadura cívico-militar y el descarado apoyo de ésta a Colo-Colo, provocaron una “declaración de guerra” por parte de los socios de la Corfuch contra sus dirigentes y contra el gobierno. Este descontento por parte los hinchas del club explotó en el año 1982, cuando Rodríguez eligió como Director Técnico de la “U” a Luis Santibáñez haciéndolo firmar su contrato en La Moneda: esto provocó la ira de los socios, que quemaron los carnet que los vinculaban a la institución. De ahí en adelante, el rechazo a la directiva de la Corfuch y la dictadura cívico-militar se fundieron en una.

Algunos hinchas formaron una agrupación llamada “La Generala”, mientras que en la sede de la Barra Oficial, en contra de su líder, y exacerbado pinochetista, Eduardo “El Chuncho” Martínez, comenzó a organizarse la disidencia al gobierno de Pinochet y la dirección de Rodríguez. La respuesta de la dirigencia se hizo sentir: cerró la sede social ubicada en La Casona de Macul, el mismo lugar donde Carlos Caszely, capitán de Colo-Colo y cercano colaborador de los hinchas azules contra la dictadura, había inaugurado la biblioteca de la barra azul. De la mano con esto, la dirigencia de la Corfuch nombró como dirigente al mayor Guillermo Crisóstomo, algo que no era extraño para la corporación: ya había contado en sus filas con el coronel Rafael Vargas y del mayor Víctor Fuentes. Como respuesta, el descontento de los hinchas se hizo público en 1983: el 11 de septiembre de ese año, durante un partido entre Chile y Uruguay, la galería sur del Estadio Nacional comenzó a corear el clásico “Y va a caer… Y va a caer…”, igual como había pasado días antes en un partido de la selección en Antofagasta donde se desplegaron lienzos en contra de la dictadura cívico-militar. Ante esto, el “Chuncho” Martínez tuvo que dar explicaciones a Rodríguez: de esta forma, la barra de Universidad de Chile demostraba su descontento frente a la situación que vivía el país y al notorio abuso en contra del club.

Es a partir de estos acontecimientos que la directiva de Ambrosio Rodríguez comenzó a dar su mano a torcer. Debido a las conmociones económicas del club hacia 1984 y a la organización de los hinchas azules en conjunto los estudiantes de la FECh en contra de la dirigencia, el presidente de la Corfuch no tuvo otra alternativa que integrar a la directiva a dos personas ajenas a la dictadura cívico-militar: los académicos Raúl Rettig y Julio Montt. Esto no logró traer tranquilidad institucional a la corporación y mucho menos solucionar el caos económico existente en el club: en 1985, Ambrosio Rodríguez no tuvo otra alternativa que renunciar a su cargo de presidente, que fue asumido el resto de su período por el mismo Julio Montt, como ya mencionamos. A partir de este momento, se inició un tortuoso proceso de democratización de la Corfuch, que no logró concretarse hasta 1989 cuando se hicieron las primeras elecciones libres en la corporación. Este proceso, iniciado en el mandato de Waldo Greene, implicó tener que tomar un club casi quebrado y a punto de desaparecer, en Segunda División y con varios conflictos internos entre los dirigentes, socios, hinchas y el surgimiento de un nuevo actor que fue fundamental en este nuevo período: la barra brava de Los de Abajo.