El Proceso de Democratización Interna  1986-2003

El Proceso de Democratización Interna  1986-2003

El período que desarrollaremos a continuación debe ser el más simbólico en la historia del club: comenzó con un tortuoso proceso de democratización a finales de la dictadura cívico-militar, enfrentó el peor fracaso deportivo que ha vivido la Universidad de Chile, el descenso a Segunda División; continuó con esas crisis económicas que parecían no terminar nunca y que llevaron a que la “U” estuviese a punto de desaparecer. De ahí en adelante, vino el “renacer azul” de la mano de dirigentes como Mario Mosquera y el Dr. René Orozco, que a través de sus gestiones lograron resucitar a un club que estaba prácticamente muerto. No sólo esto, sino que además durante estos años, formalmente en 1988, nace un nuevo actor dentro de la Corfuch y que la acompañó hasta 2007: Los de Abajo. Finalmente, en la culminación de este período nos encontramos con los inicios de quiebra de la “U”, que dio pie a otros tiempos, en los que vivimos hoy. En base a esto, en el siguiente período buscaremos caracterizar el proceso de democratización de la Corfuch y su desarrollo durante los años 90’, hasta el inicio del proceso de quiebra del club.

Mario Mosquera

Este proceso se dio en años complicados para nuestro país, que pensó ingenuamente que con el retorno de la democracia las cosas cambiarían gracias a una “alegría” que nunca llegó. En el año 1986 las Jornadas de Protesta Nacional daban paso a una oposición formal e institucional: la Concertación, coalición política heterogénea que se apropió de la oposición, deslegitimando cualquier otra agrupación que no siguiera las lógicas de la “transición pactada” o, como se dijo después, “dentro de lo posible”. Con la toma del poder durante los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos, se terminó de privatizar lo que no había logrado la dictadura a través de sus mismos mecanismos: la Concertación de Partidos por la Democracia preservó todas las estructuras que impusieron los militares a través de la fuerza, ofreciendo un espejismo democrático y económico que utilizaron para legitimarse en el poder y sacar beneficios propios al modelo neo-liberal chileno.

Todos estas variables fueron desarrolladas meticulosamente: de forma gradual se fueron desmovilizando los distintos grupos sociales que habían despertado en plena dictadura a través de su deslegitimación, sumado a otros elementos como las “reformas” a la Constitución de 1980 realizadas durante el gobierno de Lagos o a la oleada de privatizaciones realizadas en estos mandatos y frente a los que no hubo oposición. No sólo esto, sino que la clara preferencia de los gobiernos de la Concertación por los empresarios, facilitaron el control social a través del trabajo y las pocas, o nulas, intervenciones por parte del Estado a favor de los sindicatos. Ahora bien, es importante resaltar que incluso en esta época donde se consolidó el modelo de libre-mercado y la institucionalidad impuesta en la dictadura, o mejor dicho se “legitimó”, aun quedaba un reducto que preservaba las antiguas orgánicas pre-dictatoriales: los clubes de fútbol. Es aquí a donde apuntaron los esfuerzos de estos gobiernos para privatizar el último reducto relativamente democrático, y asambleísta, en nuestro país.

Esto ya se veía al final de la dictadura, cuando comenzó el proceso que mencionamos anteriormente dentro de la Corfuch a través de Waldo Greene, que gozaba, a diferencia de Rolando Molina y Ambrosio Rodríguez, de no ser una marioneta de los militares, lo que no evitó haber sido designado en ese cargo. Como ya dijimos, Greene llegó a la presidencia de la Corfuch gracias al apoyo de Miguel Nasur: independiente de esto, el nuevo presidente del club impulsó una limitada apertura de la dirigencia al integrar a un representante de la barra oficial y de la FECh. Esta nueva constitución trajo problemas a Greene: en esta época la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile estaba constituida por una coalición de comunistas, socialistas y democratacristianos, lo que no era bien visto por las autoridades de la dictadura. De esta forma, el presidente de la Corfuch acusó una persecución por parte del gobierno debido a esta medida, pero, más allá de eso, el foco de los problemas para Greene estaban en lo deportivo: su mandato quedó marcado para siempre por el descenso a Segunda División, donde una de las principales causas habría sido su obsesiva confianza en un técnico sin experiencia como Manuel Pellegrini, que se mantuvo en el cargo por la amistad y bajo costo que tenía para la dirigencia de la Corfuch.

Primer día de trabajo de Pellegrini con el plantel azul

El año 1989 fue importante en este sentido, ya que, independiente del fracaso deportivo, se llevaron a cabo las primeras elecciones libres de la corporación. A pesar de que en aquel año la dictadura estaba completamente alicaída, esta fue una medida que atentó contra las lógicas de la época, por lo que se buscó por parte del oficialismo revocar la medida sin poder lograrse: Greene fue elegido con 1.108 votos, que superaron ampliamente los 85 de su rival, el ex jefe de gabinete del Ministerio de Hacienda Darío Calderón. Independiente de esto, el reelecto presidente de la Corfuch renunció a su cargo, dando paso a otro antiguo dirigente de la institución, Mario Mosquera (1989-1991), que rápidamente comenzó a tomar medidas para revivir a un club que estaba prácticamente quebrado, con riesgo de desaparecer y que recientemente había bajado a Segunda División. De esta forma, Mosquera partió por conseguir una cuenta corriente en el Banco Bice, lo que permitió pagar varias deudas de la corporación. Sumado a eso, en lo deportivo repatrió a personajes identificados con el club, por lo que con la salida de Pellegrini de la banca el desafío fue asumido por Luis Ibarra, secundado por Leonel Sánchez.

Luis Ibarra, Leonel Sanchez.

Triunfo ante Curicó  y el retorno a primera- Empate ante Pto.Montt  y la vuelta olímpica en santiago

El gran logro del mandato de Mario Mosquera fue estabilizar institucional y económicamente a un club que venía de años y años de pésimos manejos, facilitando la tarea de su sucesor, René Orozco (1991-2004), que asumió la presidencia de la Corfuch después de un esporádico paso de Rodrigo Norero (1991). De esta forma, el principal reto del Dr. Orozco fue impulsar lo que no pudo concretar la gestión de Mosquera: el rendimiento deportivo, ya que ese año la “U” jugó la promoción reviviendo el temor de volver a la Segunda División. Como veremos más adelante, el mandato de Orozco superó con creces las expectativas deportivas en el Campeonato Nacional. Independiente de esto, la gestión del doctor apuntó a otros horizontes: si en los años de la dictadura el club había sufrido toda la embestida de los militares, que provocó la resistencia de los hinchas de la “U”, con el retorno a la democracia los dirigentes de la Corfuch estimularon una muy buena relación con los personeros de la Concertación. Esto se facilitó en gran medida por la identificación de los presidentes Aylwin, Lagos y por sobre todo Eduardo Frei con la casa de estudios y el club. Fue en esta época cuando durante el segundo mandato de la Concertación se hizo común ver a Frei asistir a los partidos de la Universidad de Chile.

Dentro del club, el mandato del Dr. Orozco es recordado por distintos elementos, como el explosivo aumento de los socios de la “U”, de 1.800 en 1991 a 10.800 en un año, el retorno de los campeonatos, la cierta estabilidad económica del club que se fue deteriorando a través del tiempo, lo que desarrollaremos en profundidad en el siguiente período, y lo que él llamaba “rol social” de la Universidad de Chile. Los mejores ejemplos de esto último fueron la integración de la barra brava de Los de Abajo a la Corfuch, que incluyó la Escuela Libre-LdeA, y su intento por construir la Ciudad Deportiva Azul, donde hipotéticamente se construiría el ansiado estadio para la “U”. Durante su gestión, Orozco fue el primero en integrar a la barra brava a la institución, ya que ésta le entregó una gran cantidad de votos para facilitar su reelección como presidente de la Corfuch durante mucho tiempo. No sólo eso, sino que también dio varios recursos para que Los de Abajo construyeran su llamada Escuela Libre, donde los barristas que no habían terminado sus estudios secundarios pudieran concluirlos. Esto respondía, como mencionamos, a lo que el doctor denominaba “rol social” del club, apoyando también la rehabilitación por drogas y alcoholismo que sufrían algunos integrantes de la barra.

Dr. René Orozco

Ahora bien, sin lugar a dudas, el peor fracaso de la gestión de René Orozco fue la Ciudad Deportiva Azul, la que comenzó a evidenciar el desgaste de su presidencia sobre todo en lo económico: en 1993 se anunció la construcción de este proyecto inmobiliario de $15.000.000 de dólares, en un terreno de 127 hectáreas ubicadas en el sector de Noviciado en la comuna de Lampa. Para lograr el financiamiento, se lanzó la campaña “Tiempo de hacerse azul” que buscó integrar 100.000 socios que tendrían derecho a participar en seis sorteos cuyos premios costaban, en conjunto, de casi $10.000.000 de dólares. Este evento, organizado por la empresa uruguaya Promoval fue un rotundo fracaso, ya que sólo se inscribieron 24.000 socios que recaudaron $158.000.000 de pesos: finalmente, sólo se realizaron dos sorteos donde los premios eran autos y electrodomésticos, lo que provocó que la Corfuch se querellara contra la empresa uruguaya por incumplimiento de contrato. Pero los intentos de aprovechar este terreno no quedaron ahí: años después, en 1997, se llevó a cabo un concurso para la construcción del ansiado estadio de la “U”. Éste fue ganado por el arquitecto Luis Reyes, pero nunca se llevó a cabo porque Orozco aclaró que, finalmente, los terrenos no contaban con las condiciones para construir un estadio ahí. De esta forma, la Ciudad Azul fue rematada el año 2007 en $860.000.000 de pesos para cubrir las deudas de la Corfuch.   

Ciudad Azul

Pasando a lo deportivo, si dentro de este período tomamos en cuenta los últimos años de la etapa anterior a partir de 1985, vemos que la “U” estuvo siete años completamente perdida y sin rumbo futbolístico. Como ya explicamos anteriormente, el descenso a Segunda División fue el punto cúlmine de la intervención militar, a pesar de que se dio dentro del primer mandato de Waldo Greene cuando ya existía cierta apertura del club. De esta forma, el primer escollo del proceso de democratización interna de la Corfuch fue devolver a la Universidad de Chile a la Primera División y desde ahí resucitar un equipo que estaba en el piso. El camino para esto fue prácticamente sin inconvenientes, ya que la “U” no tuvo un buen inicio a pesar de que ganó el título: todo partió con la “Primera fase – Zona sur”, cuando el club perdió con Curicó como visita. Posteriormente vino una mala racha, donde la Universidad de Chile empató 2 partidos y terminó siendo derrotada por Colchagua 0-3 en el estadio Santa Laura. Pero, a partir de ahí, vino una seguidilla de buenos resultados donde la “U” no perdió hasta septiembre de ese año, cuando cayó ante Provincial Osorno en Independencia por 1-2. De aquí en adelante, durante las siguientes nueve fechas, el club no conoció la derrota, obteniendo su paso a la siguiente fase del campeonato.

De esta forma, la “U” ingresó a la “Segunda fase – Zona Sur A”, donde participaron seis equipos. Aquí el camino fue completamente exitoso para la Universidad de Chile, ya que consiguió 6 victorias, 2 empates y 2 derrotas. Esto le dio el ascenso directo al club, pero no el campeonato: la “U” tenía que enfrentarse al ganador de la “Zona Norte A”, que fue Palestino. El enfrentamiento terminó empatado 0-0, por lo que se tuvo que definir al vencedor a través de lanzamientos penales que ganó la Universidad de Chile por 5-4, coronándose campeón de la Segunda División. Este torneo, expresión del peor fracaso deportivo del club, fue un simple revés en nuestra historia, un tropiezo que duró sólo un año gracias a la entrega y amor a la camiseta de: Eduardo Fournier y Raúl Díaz en portería; Horacio “Carepato” Rivas, Roberto Reynero, Héctor y José Díaz, Ricardo “Pituco” Vásquez, Luis Valenzuela, el uruguayo Gonzalo Madrid y Hernán Peña en defensa; el brasilero Severino Vasconcelos, Luis Valenzuela, Carlos Cisterna, Orlando Mondaca, Marcelo Silva, Luis Musrri y Alejandro García como volantes; y, finalmente, Marco Fajre, Cristian “Cepillín” Olguín, Héctor Hoffens, Alejo Rodríguez, Pedro Pablo Díaz, Hugo Vílchez, Sandrino Castec y Álvaro Vergara como delanteros; guiados por Luis Ibarra y Leonel Sánchez.

Independiente de esto, lo que podemos ver ya entrados los años 90’, es que los primeros campeonatos del club en su retorno a Primera División fueron bastante complicados: como vemos en la Tabla 1, el campeonato de 1990 fue discreto, mientras que al año siguiente la “U” tuvo que jugar la Promoción para no descender de nuevo a la Segunda División. Más allá de eso, si vemos los resultados desde una perspectiva a largo plazo, vemos que, exceptuando los años 1990 y 91’, el resto de las campañas de la Universidad de Chile fueron exitosas, tomando como referencia el año 2001 que es el último torneo con 30 fechas.

Tabla 1. Campañas de la Universidad de Chile desde 1990 hasta 2001

AÑO PJ PG PE PP GF GC Dif. Pts. Pos.
1990 30 07 12 11 37 39 – 02 26 11°
1991 30 07 09 14 36 39 – 03 23 14°
1992 30 12 10 08 38 29 + 09 34
1993 30 13 09 08 45 25 + 20 35
1994 30 21 07 02 71 28 + 43 49
1995 30 18 08 04 64 30 + 34 62
1996 30 13 08 09 49 42 + 7 47
1997- A 15 08 06 01 31 14 + 17 30
1997- C 15 07 05 03 36 17 + 19 26
1998 30 18 09 03 62 37 + 25 63
1999 30 23 06 01 66 27 + 39 75
2000 30 18 07 05 62 27 + 35 61
2001 30 17 06 07 53 33 + 20 57

En 1992, el club logró subir del lugar 14° hasta la 4ª posición, manteniéndose en ese mismo puesto en el 93’ para lograr un bi-campeonato en los años 1994 y 95’. Se puede ver una baja considerable en 1996, tomando en cuenta el desempeño que tuvo la “U” en la Copa Libertadores de ese año donde llegó a semi-finales. En los torneos de Apertura y Clausura de 1997, el equipo se mantuvo en posiciones altas pero no determinantes, lo que cambió el año siguiente cuando perdió el torneo en la última fecha frente a Colo-Colo por sólo 1 punto. La revancha de la Universidad de Chile llegó los años 1999 y 2000 al sumar otro bi-campeonato en esta década, que no logró extenderse al año siguiente cuando la “U” quedó en la 3ª posición. En base a las cifras, deportivamente hablando, la década los 90’ fue la segunda época más gloriosa del club, donde resaltaron figuras determinantes como Marcelo Salas, Sergio “Superman” Vargas, Luis Musrri, Leonardo Rodríguez, Pedro “Heidi” González, entre otros.

Plantel Campeón, 1994

Lamentablemente, el buen rendimiento llegó sólo hasta el año 2001, que se logró principalmente por el impulso de las campañas anteriores. Desde el 2002, cuando el formato del torneo adoptó los play-offs, las campañas de la Universidad de Chile fueron paupérrimas:

Tabla 2. Campañas de la Universidad de Chile en 2002 y 2003

AÑO PJ PG PE PP GF GC Dif. Pts. Pos.
2002- A 15 07 04 04 28 23 + 05 25 SF
2002- C 15 08 06 01 24 12 + 12 30 SF
2003- A 15 04 08 03 30 24 + 06 20 OF
2003- C 15 07 02 06 28 21 + 07 23 OF

Como vemos en estos 4 torneos, el rendimiento del club en la primera fase fue discreto: en base a estos números, en el Apertura 2002 se obtuvo un 55,6% de rendimiento; en el Clausura del mismo año se mejoró en relación al torneo anterior con un 66,7%, que no logró repetirse en los campeonatos siguientes; independiente de esto, en ambos torneos se llegó a las semi-finales, lo que en cierta medida mantuvo los resultados del 2001 si lo comparamos a través de las posiciones finales. Esto cambió en el 2003: en el Apertura de ese año, la “U” tuvo un pobre 44,4% de rendimiento, mientras que en el Clausura se mejoró un poco al lograr el 51,1%; esto se reflejó en los lugares del club al finalizar el campeonato, ya que ese año no se pudo superar los octavos de final.  

De la mano con esto, la participación en Copa Libertadores fue modesta durante estos 20 años, con la excepción de 1996 cuando el equipo llegó a semi-finales del torneo. Entre 1986 y 2003, la Universidad de Chile disputó en cuatro oportunidades el campeonato más importante a nivel continental, en 1995, 1996, 2000 y 2001, obteniendo resultados más bien discretos.

Tabla 3. Campañas en la Copa Libertadores cuando la Universidad de Chile fue eliminada en fase de grupos

AÑO PJ PG PE PP GF GC Dif. Pts. Pos.
1995 06 02 01 03 07 07 0 07
2000 06 02 02 02 10 10 0 08
2001 06 01 01 04 05 13 – 8 04

Las cifras hablan por sí solas: de estos 18 partidos disputados, la “U” sólo ganó 5, mientras que fue derrotada en 9 ocasiones. Esto debemos complementarlo con las campañas igual de discretas que tuvo el club en la Copa Mercosur, donde sufrió goleadas estratosféricas como aquella con el Flamengo por 7-0. De esta forma, en general el desempeño internacional fue paupérrimo, exceptuando, como dijimos, el año 1996.

En esa oportunidad, la Universidad de Chile llegó a semi-finales del campeonato continental: dentro del Grupo 4, en la primera ronda el club logró ganar de local todos sus partidos, contra: Universidad Católica, Corinthians y Botafogo, haciéndose fuerte de local desde el primer momento, algo fundamental para tener aspiraciones de competir en esta copa. A esto agregamos un empate frente a los cruzados y 2 derrotas en Brasil como visitante. De esta forma, la “U” se quedó con el 2° lugar del grupo, ganado por Corinthians, pasando a octavos de final del torneo: aquí el rival fue Defensor Sporting de Uruguay, equipo que quedó en el camino por causa de los universitarios después de vencerlos en el Estadio Nacional por 3-2 y caer en el país oriental por 2-1, por lo que la “U” selló su paso a los cuartos de final. En esta instancia, el rival fue Barcelona de Guayaquil: después de derrotarlo en Ñuñoa y empatar en Ecuador, finalmente la Universidad de Chile se enfrentó en semi-finales a River Plate de Argentina, empatando con ellos en el Estadio Nacional por 2-2 y perdiendo por 1-0 en el Monumental de Buenos Aires, quedando eliminada en aquel recordado partido.

V.H. Castañeda y Walter Silvani, semifinal Libertadores, 1996

Finalmente, también debemos resaltar la Copa Apertura, actual Copa Chile, de 1998 y 2000, obtenidas durante el período de democratización de la Corfuch. En la primera, Universidad de Chile ganó sin mayores complicaciones el Grupo B, compuesto también por Rangers, Colo-Colo y Santiago Wanderers, por lo que pasó a semi-finales del torneo donde se enfrentó a Deportes La Serena. En esta instancia, la “U” venció fácilmente a los nortinos por 0-3 en el norte, mientras que en la vuelta en el Estadio Nacional a los universitarios les bastó el empate 2-2 para acceder a la final del campeonato. Así se enfrentó a Audax Italiano, empatando con ellos en Ñuñoa 1-1 para derrotarlos en el Santa Laura 2-0, obteniendo la segunda Copa Chile. En el 2000 el logro fue más significativo: la “U” ganó fácilmente el Grupo A, que también integraron Unión Española, Deportes Concepción y O’Higgins, pasando a semi-finales donde el rival fue Colo-Colo en partido único. En este encuentro, los universitarios lograron vencer al equipo albo por 3-1 en el Estadio Nacional, accediendo a la final del torneo: aquí el rival fue Santiago Morning, que venía de golear 4-0 a Cobreloa, siendo vencido por la “U” 2-1. Así, la Universidad de Chile logró su tercera estrella en este torneo.

Paralelo a lo que hemos visto anteriormente, dentro de los hinchas del club comenzó a surgir un fenómeno desde mediados de los años 80’ aproximadamente: Los de Abajo. El rol de la barra brava, desde finales de la dictadura hasta el término del mandato de Orozco, fue fundamental en el desarrollo del club. Claramente, la relación de los dirigentes de la Corfuch con Los de Abajo comenzó siendo tensa y conflictiva, hasta que finalmente el club no tuvo otra opción que integrar a estos hinchas que fueron los que coparon todos los estadios cuando la Universidad de Chile jugó en Segunda División. No pretendemos aquí hacer una historia de la barra brava, que incluya su activa participación social y política o los actos de violencia, sino más bien comentar su rol dentro del club y algunos de sus elementos característicos. Esto hay que tenerlo en cuenta porque, gusten o no gusten los métodos de Los de Abajo y la forma en que intervinieron en el desarrollo de la institución, fueron uno de los actores que participaron activamente en las decisiones de éste, convirtiéndose, a la larga, en la barra oficial de la “U”.

Este grupo, que se originó dentro de la Barra Oficial liderada por el “Chuncho” Martínez, seguía patrones diferentes: la influencia de las hinchadas argentinas, a través de cánticos y banderas, era evidente, sumado a algunos hechos de violencia que terminaron por identificarlos. Es ahí donde se originó su nombre, ya que se posicionaban abajo, junto a la reja, en el Estadio Nacional, por lo que cada vez que se pedían explicaciones por algún hecho en la barra de Martínez, respondían que “fueron los de abajo”. Más allá de esto, lo importante fue la configuración de este grupo, en donde se articulaban el estilo de las barras bravas argentinas, la música Trash Metal y su profundo rechazo a la dictadura cívico-militar: sus constantes cánticos contra Pinochet, al que culpaban de todas las desgracias sufridas por el club durante los años 80’, como la gran mayoría de la parcialidad azul, eran expresión de la simbiosis existente en los hinchas del club. Como ya vimos, el vínculo entre Pinochet y Colo-Colo, que nació en aquella época, no abandonó nunca la lectura de Los de Abajo, preservándola hasta el día de hoy.

Ahora bien, no tenemos que entender esta politización “en positivo”, sino más bien “en negativo”: un elemento común en la época era el rechazo a la dictadura, lo que no significa que Los de Abajo hayan tenido una propuesta alternativa o se hayan regido por una ideología o doctrina particular. Dentro de la barra se encontraban distintos tipos de posturas, que iban desde derecha, como el conocido caso del “Beto” o del “Mono Ale”, hasta el anarquismo de los Guachuneit, que se mantienen vigentes y activos, con varios matices, hasta el día de hoy a través del Movimiento Popular Guachuneit (MPG). Más allá de eso, durante sus primeros años se acusó a Los de Debajo de que estaban infiltrados por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez o el Movimiento Juvenil Lautaro: a pesar de que sus integrantes negaron una relación formal con estas agrupaciones políticas, sabemos que sí hubo barristas que pertenecieron a estos grupos sin darse un vínculo formal. Sin lugar a dudas, la orgánica política más articulada que impulsaron los barristas fue su ingreso a la coalición Juntos Podemos, compuesta también por el Partido Comunista, el Partido Humanista, además de algunas agrupaciones políticas y sociales. En base a esto, lograron levantar a un candidato a diputado para las elecciones de 2005: éste era Germán Llanca, por el distrito 19 de las comunas de Independencia y Recoleta, que no logró ser electo.

Independiente de esto, la separación definitiva de los barristas y el grupo liderado por el “Chuncho” Martínez se provocó a mediados del año 1989. Esto sucedió debido al robo de un lienzo realizado por los hinchas azules a la barra de Colo-Colo: tiempo después, Martínez buscó recuperar aquella bandera para devolvérsela a los albos, provocando la negativa de Los de Abajo y la separación formal de ambas parcialidades. De esta forma, los barristas comenzaron a organizarse de manera autónoma, sumándose, tiempo después, otro grupo existente dentro de la hinchada: Mis Dos Amores. Así, tras la fusión de ambas parcialidades, la nueva barra comenzó a hacerse sentir más dentro del estadio al ir sumando gradualmente nuevos adherentes y gracias al bombo que se integró después de la unión con la otra facción mencionada anteriormente. Guiados en esos días por nombres como Rodrigo “Negro” Ojeda o Mariano “Walter” Zagal, Los de Abajo definieron la forma de afrontar el nuevo contexto que se venía después del retorno a la democracia: los enfrentamiento contra la parcialidad alba y las relaciones con la Corfuch, en esos años presidida por Mario Mosquera.

La reacción de la dirigencia universitaria fue más bien de rechazo hacia este nuevo actor, lo que no implicó que se dieran algunos acercamientos en 1990. Ese año se llegó a un acuerdo entre ambas partes: si Los de Abajo no cometían ningún desmán durante cinco partidos, tendrían la posibilidad de convertirse en la barra oficial de la Universidad de Chile. Durante cuatro cotejos no hubo problemas, hasta el quinto: en esa oportunidad, en un partido disputado en Rancagua, los seguidores del “Chuncho” Martínez y Los de Abajo se enfrentaron debido a que los primeros no querían perder su sitial privilegiado como Barra Oficial, por lo que el trato quedó en nada. De todas formas, con el paso del tiempo las cosas cambiaron: la barra brava iba en un constante ascenso, mientras que los dirigidos por Martínez iban en un constante descenso. Por estos motivos, cuando llegó Orozco a la presidencia de la Corfuch, tenía claro a qué grupo tenía que apelar para ganar apoyo: de ahí en adelante, Los de Abajo fueron el principal soporte del doctor dentro de la institución.

En base a lo anterior, los barristas comenzaron a estructurarse de una forma más orgánica y a obtener nuevos recursos, sobre todo entradas para los partidos. A pesar de que no contaban con jerarquías claras o puestos definidos, lo que repercutía en una constante oscilación de los roles dentro de la barra, pasaron de autogestionar sus recursos a recibir aportes de la misma Corfuch. Sumado a esto, con la llegada del “Beto”, “Mono Ale”, “Anarkía” y “Kramer” a partir de mediados de los 90’, los recursos externos aumentaron: mientras ejercieron el liderazgo de Los de Abajo, éstos consiguieron ampliar el abanico de financiamiento a través de contratos con algunas empresas por publicidad o con spots, evidenciando una orientación más comercial de la agrupación. Ejemplos de esto son los tratos hechos con Coca-Cola, el uso de banderas o la realización de poleras a través de reconocidas marcas deportivas cuyos dueños eran hinchas de la “U”. Como vemos a través de estos casos, sumado a su reconocimiento institucional como la barra oficial del club, durante los años 90’ Los de Abajo aumentaron progresivamente su posicionamiento dentro de la institución, su número de adherentes y su financiamiento en base a su relación con la Corfuch y las negociaciones que ejecutaron de forma autónoma.